sábado, 4 de enero de 2014

El ejercicio es la mejor medicina.


La verdadera píldora para todo es el ejercicio.

 Imagen: sportis.es

La epidemia de sedentarismo se extiende tan rápido como lo hace la incidencia de enfermedades cardiovasculares.

Los humanos somos un tipo de primates, o de monos, para entendernos, especialmente adaptados a la locomoción bípeda. Y poco han cambiado nuestros genes en los últimos 40.000 años, desde la era paleolítica. Por aquel entonces el ejercicio físico, sobre todo la caza, era necesario casi a diario para comer. Y por tanto, para sobrevivir. Si quisiésemos seguir un estilo de vida paleolítico en pleno siglo XXI, es decir, acorde con nuestra biología, deberíamos caminar tres o cuatro horas al día.

Un tercio de los adultos del planeta son inactivos. Ni siquiera caminan media hora al día. Y no digamos los niños en Occidente, que cada vez juegan menos al aire libre. Precisamente esta epidemia de sedentarismo se extiende tan rápido como lo hace la incidencia de enfermedades cardiovasculares. Y eso que, paradójicamente, la ciencia médica no deja de progresar. Entre los esperanzadores avances farmacológicos de nuestro siglo, que, por supuesto bienvenidos sean, está la llamada polipíldora. Es decir, la combinación de algunos fármacos (aspirina, hipotensores o drogas para bajar el colesterol) en una sola pastilla para prevenir infartos. Por ejemplo, en varones adultos aparentemente sanos.

Lo que muchos desconocen es que el ejercicio regular también tiene un efecto polipíldora, y sin apenas efectos secundarios a poco que se haga con sentido común. Por ello, los médicos no solo deberían aconsejar a sus pacientes que hagan ejercicio: deberían prescribirlo. Además, es el único fármaco con un efecto dosis-respuesta: en general, cuanto más cantidad de ejercicio se acumule a lo largo del día, mejor. Una aspirina infantil diaria tiene efectos beneficiosos sobre las arterias de un adulto, pero una mega-dosis de aspirina podría ser letal. En cambio, es más saludable caminar 3 horas que 30 minutos al día, aunque sea en varias tandas de tan solo 10-20 minutos. Haciendo ejercicio a diario se consigue reducir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, hipertensión, ictus cerebral, diabetes, cáncer de colon o mama, depresión, o de que las personas mayores sufran las temidas caídas.

Cuando se contraen, los músculos esqueléticos liberan cientos de sustancias a la sangre, denominadas mioquinas, que viajan por la sangre hasta llegar a otros tejidos (intestino, corazón, grasa o cerebro, entre otros) donde tienen efectos beneficiosos o reparadores: es decir, que son fármacos en potencia. Por ejemplo, el músculo libera una sustancia llamada SPARC que podría reducir el crecimiento de tumores en el colon. O interleuquina-6, una molécula con efectos más bien perniciosos cuando se libera desde otras células pero que curiosamente tiene efectos antiinflamatorios y beneficiosos para el sistema inmune o la regulación de los niveles de azúcar cuando sale de nuestros músculos. Algunas mioquinas son incluso capaces de entrar en el cerebro y llegar a sus regiones más deterioradas por la enfermedad de Alzheimer. Así, no solo la actividad mental regular y exigente (como el ejemplo que se cita con frecuencia, aprender un nuevo idioma a edades avanzadas o realizar ejercicios de memoria) aumenta la plasticidad cerebral y permite atenuar el deterioro cognitivo asociado a la senectud. También la actividad física per se, sin necesidad de estar asociada a procesos cognitivos complejos (simplemente caminar, levantar pesas o nadar) contribuye a regenerar el cerebro.

El ejercicio también estimula la liberación de células madre a la sangre, muchas de las cuales tienen un potencial efecto regenerativo en algunos tejidos, como el corazón dañado por un infarto. Y ni siquiera es cierto que si nos pasamos con el ejercicio nos oxidamos más y vivimos menos por los efectos de los temidos radicales libres. Muy al contrario, los deportistas de élite son más longevos que la población general, y su cuerpo está adaptado para defenderse mejor de los radicales libres.

Alejandro Lucía es investigador de la Universidad Europea.

Fuente: elpais.com

Artículo relacionado:


¿Un lexatin? No, mejor váyase a sudar al parque.




viernes, 6 de diciembre de 2013

Los niños que hacen ejercicio podrían obtener mejores calificaciones.

Hacer ejercicio con una intensidad de moderada a vigorosa regularmente podría también mejorar el rendimiento académico de los estudiantes, según un estudio reciente de Reino Unido.


Cuanto más intenso es el ejercicio, más impacto tiene sobre los resultados en inglés, matemáticas y ciencias, según los autores del estudio. Sin embargo, no pudieron explicar las causas precisas que subyacen a la conexión.

"Se han expresado varias sugerencias sobre por qué existe ese vínculo. Por ejemplo, la actividad física podría aumentar el tiempo que pasan en las tareas en el aula, o quizás tenga un impacto sobre la autoestima", planteó la investigadora del estudio, Josephine Booth, profesora de la Universidad de Dundee, en Escocia.

Quizás haya una explicación biológica, dijo, ya que otros investigadores hallaron que unos niveles bajos de actividad pueden afectar adversamente a la estructura y la función del cerebro, así como el rendimiento intelectual de los estudiantes.

Booth no podía afirmar con certeza si la motivación general explica el vínculo, es decir, que los niños de alto rendimiento hagan bien tanto el ejercicio como las tareas académicas. "En este estudio no pudimos ajustar por la personalidad", señaló.

El estudio aparece en la edición en línea del 21 de octubre de la revista British Journal of Sports Medicine.

Los que hacían la mayor cantidad de ejercicio rendían mejor en los exámenes académicos nacionales. A los once años, los niños que hacían la mayor cantidad de ejercicio tenían un mejor rendimiento en las tres asignaturas. La actividad ayudó particularmente al rendimiento de las chicas en ciencias. El vínculo se sostuvo a los 13, 15 y 16 años de edad.

Los investigadores tomaron en cuenta otros factores que podrían afectar el rendimiento escolar, como el estatus socioeconómico, el peso al nacer, la edad de la madre en el parto y el tabaquismo durante el embarazo, pero el vínculo se mantuvo.

Según Booth, autora del estudio, los hallazgos tienen implicaciones importantes para la política educativa, al sugerir que la escuela debe valorar la actividad física como forma de mejorar el rendimiento en el aula.

Artículo completo: MedlinePlus
Fuente original: HealthDay

lunes, 4 de noviembre de 2013

Drogas: el alcohol.

¿El alcohol hace más tontos a los adolescentes?
Los atracones etílicos dañan la memoria, atención, capacidad para tomar decisiones y favorecen la impulsividad y la depresión.

El consumo intensivo entre los más jóvenes es preocupante y supone la ingesta de grandes dosis de bebidas alcohólicas en un corto periodo de tiempo, en general durante el fin de semana. Se trata de “una mezcla un poco diabólica. Se unen la tolerancia, la buena integración social y cultural del alcohol, el clima que permiten hacer botellón en la calle, con un patrón distinto de la forma de beber mediterránea, que también era excesivo, pero regular y distinta. Este es más anglosajón, con consumos concentrados en poco tiempo, 2 o 3 horas, incluso con sentido instrumental: para entrar en ambiente, que tienen mucho que ver con la manera de integrarse en la diversión”, explica Cadaveira.
 
A largo plazo tiene consecuencias. Entre los cambios estructurales, un menor volumen en el hipocampo, una estructura especialmente plástica, y por tanto vulnerable, fundamental en la memoria y el aprendizaje, según han podido comprobar en un estudio llevado a cabo con universitarios. Los efectos eran detectables al año de iniciar el estudio. También se altera la corteza prefrontal, la parte más evolucionada de nuestro cerebro donde residen “las funciones más humanas”. Esta zona se encarga del control de la conducta “a muchos niveles. Por ejemplo es esencial para corregir el comportamiento cuando estamos equivocados, o el control motor. Es la responsable de que cuando “me apetece algo pueda contenerme, si me perjudica. Estas funciones sufren con el alcohol. Como efecto agudo de una noche y como capacidad cognitiva a la larga”.
La noticia completa la puedes leer en este enlace del periódico ABC.
 
A continuación, en este apartado de Redes, Elsa Punset nos explica algunos de los efectos que tiene el alcohol en los adolescentes y nos propone alternativas de ocio nocturno libres de esta droga.

jueves, 3 de octubre de 2013

Aumentar el ejercicio físico mejora el rendimiento cognitivo y las notas en adolescentes.

Un programa de intervención escolar, denominado EDUFIT, demuestra que, si se duplican las horas de Educación Física y se aumenta la intensidad de las clases, es posible mejorar el rendimiento cognitivo y académico de los alumnos

Imagen: http://innovandocoaching.wordpress.com

Este estudio, en el que participan investigadores de la UGR, ha sido publicado en el último número de la revista Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports.

Los adolescentes que hacen más ejercicio físico en el instituto sacan mejores notas y tienen un mejor rendimiento cognitivo, lo que implica aspectos como la capacidad verbal y no verbal, el razonamiento abstracto, la capacidad espacial, el razonamiento verbal y la habilidad numérica. Así lo ha confirmado un estudio realizado por un grupo de científicos españoles, entre los que se encuentran tres investigadores de la Universidad de Granada

El objetivo de este trabajo, publicado en el último número de Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, era analizar los efectos de un programa de intervención escolar, denominado EDUFIT, y centrado en aumentar el número de clases de Educación Física por semana y la intensidad de las mismas en un instituto de Murcia. 

Para ello, sus autores trabajaron con una muestra formada por 67 adolescentes de entre 12 y 14 años, de ambos sexos (43 chicos y 24 chicas), que se dividió en tres grupos distintos. El primero de ellos actuó como grupo control (no se intervino en él), y siguió practicando con normalidad sus clases de Educación Física (esto es, dos sesiones de 55 minutos a la semana, incluido el tiempo de desplazamiento a las instalaciones, cambio de ropa y aseo después de la práctica). En el segundo grupo, sus integrantes tuvieron el doble de horas de Educación Física a la semana (cuatro), mientras que a los miembros del tercero, además de duplicarles las horas de Educación Física, éstas incluyeron ejercicios físicos de alta intensidad. 

Inmediatamente antes y después de la intervención, que duró cuatro meses, los investigadores aplicaron a todos los participantes un test de inteligencia cognitiva, además de analizar su rendimiento académico (las notas). 

Mejores calificaciones y rendimiento cognitivo
De este modo, observaron que todas las variables relacionadas con el rendimiento cognitivo, excepto el razonamiento verbal, aumentaron significativamente en el grupo que realizó cuatro horas de Educación Física de alta intensidad con respecto al grupo control que siguió recibiendo sus dos horas con normalidad. Además, el rendimiento académico medio de las asignaturas cursadas mejoró notablemente. Particularmente, las mejoras en las calificaciones fueron más importantes en asignaturas como Matemáticas, pero no en Lenguaje. 

Francisco B. Ortega, investigador Ramón y Cajal del Departamento de Educación Física y Deportiva, Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada y del Instituto Karolinska de Suecia, e investigador responsable de este trabajo, advierte de la necesidad de realizar más estudios en esta misma línea, con una muestra más amplia de participantes. “Con todo, nuestro estudio nos permite afirmar que la intensidad de las sesiones de Educación Física en los centros educativos podría desempeñar un papel importante sobre el rendimiento cognitivo y el éxito académico de los alumnos”. 

Ortega añade que “estudios previos han demostrado que las personas con mejor condición física tienen un mayor tamaño del hipocampo, centro del aprendizaje y memoria, lo que contribuiría a explicar los resultados observados en este estudio”. El efecto positivo del ejercicio físico sobre el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una de las sustancias que contribuyen al crecimiento de nuevas neuronas y sinapsis, así como el aumento de la capilarización y flujo sanguíneo a nivel cerebral, “son algunos de los mecanismos fisiológicos que se cree podrían explicar la mejora cognitiva y académica observada como consecuencia del aumento del número e intensidad de las sesiones de Educación Física.” 

Este trabajo forma parte de la tesis doctoral de Daniel Navarro Ardoy, asesor de formación del Centro de Profesorado de la Región de Murcia, profesor de Educación Física y primer autor de este trabajo. Esta investigación fue codirigida por el catedrático de Fisiología Manuel Castillo Garzón, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada

Navarro Ardoy afirma que “estos resultados son de primordial importancia en este momento, en el que el Gobierno español está confeccionando una nueva Ley de Educación, la LOMCE. Un reciente estudio realizado por la Unión Europea ha puesto de manifiesto que España es uno de los países que dedica menos tiempo a Educación Física en sus escuelas, por debajo de las 3 horas recomendadas desde Europa”. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Realizar periodos cortos de ejercicio intenso podría ayudar a reducir el riesgo de obesidad.

La intensidad de la actividad es más importante que la duración para controlar el peso, según un estudio.
 
 Imagen: sweat-everyday.com

Un ejercicio de mayor intensidad, aunque sea a ratos cortos, juega un papel importante en el control del peso, según un nuevo estudio.

"Lo que hemos aprendido es que para evitar el aumento de peso, la intensidad de la actividad importa más que la duración", afirmó Jessie Fan, profesora de estudios familiares y del consumidor de la Universidad de Utah, en un comunicado de prensa de la universidad.

"Esta nueva comprensión es importante porque hoy en día menos del 5 por ciento de los estadounidenses llegan al nivel recomendado de actividad física semanal según las directrices actuales de actividad física. Saber que incluso los periodos cortos de actividad 'intensa' pueden resultar en un efecto positivo es un mensaje de ánimo para el fomento de una mejor salud", explicó Fan.

La directriz actual de actividad física para los estadounidenses es realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal entre moderada e intensa, los cuales pueden acumularse en periodos de 8 a 10 minutos. El análisis de los datos de más de 2,200 mujeres y 2,300 hombres, de 18 a 64 años de edad, arrojó que la actividad de mayor intensidad estaba asociada con un menor riesgo de obesidad, tanto si se realizaba en sesiones más cortas o más largas de 10 minutos.

Cada minuto del día en que se realizaba una actividad de mayor intensidad redujo el riesgo de obesidad en un 5 por ciento en las mujeres y en un 2 por ciento en los hombres, según el estudio publicado en la edición actual de la revista American Journal of Health Promotion.

Para las mujeres, cada minuto del día en que realicen una actividad de mayor intensidad compensa las calorías equivalentes a 0.41 libras (0.18 kilos). Esto significa que una mujer de 5 pies y 5 pulgadas (1.65 metros) de estatura que añade regularmente un minuto de actividad de mayor intensidad en su día pesará casi media libra (0.22 kilos) menos que una mujer con una estatura similar que no es activa, afirmaron los investigadores. Y los hallazgos fueron similares para los hombres, indicaron en el comunicado de prensa.

Fuente: MedlinePlus
Fuente original: utah.edu