domingo, 8 de marzo de 2015

Comida rápida vs ejercicio físico.

¿Puede el ejercicio físico contrarrestar los efectos negativos de una alimentación basada en comida rápida?
Para dar respuesta a esta pregunta se realizó un documental por parte de un equipo de estudiantes de la Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Castilla-La Mancha (Toledo) que fue protagonizado por David, quien comió durante un mes comida rápida de una famosa cadena de hamburguesas y al mismo tiempo, se entrenó regularmente.
La idea surgió a partir del documental llamado “Super size me“ que mostraba los efectos de comer durante 30 días seguidos comida basura únicamente, sin hacer ningún tipo de ejercicio físico.

Si queréis conocer la respuesta, no dejéis de ver el documental y los siguientes enlaces: 20minutos.es y supertrainme.blogspot.com.es

SUPER TRAIN ME from Supertrainme on Vimeo.

viernes, 6 de febrero de 2015

En forma con tres minutos de ejercicio a la semana.

Unos pocos pero muy intensos minutos de ejercicio a la semana pueden generar beneficios equivalentes a los de horas y horas de gimnasia convencional.
 
Eso es lo que aseguran investigadores británicos, que sin embargo aclaran que la cuantificación de los beneficios depende de la genética del individuo.

Esta aparentemente escandalosa afirmación se sustenta en años de investigación de equipos de científicos de diferentes partes del mundo. Entre ellos, el del profesor Jamie Timmons, biólogo de la Universidad de Birmingham.

En Centro de Entrenamiento de Alta Intensidad del Reino Unido, Timmons asegura que con estos tres minutos en cuatro semanas se pueden dar mejoras significativas en algunos de los más importantes indicadores usados para medir el estado de salud.

El primero, la sensibilidad a la insulina, la hormona que retira el azúcar de la sangre, controla la grasa y cuya falta es responsable de la aparición de la diabetes.

Según Timmons, las investigaciones de diversos centros muestran que 240 segundos de muy intensa actividad física mejoran la sensibilidad de la insulina en un 24%.

La segunda mejora es la de la capacidad aeróbica, medidor del estado del corazón y pulmones, responsables de distribuir el oxígeno por el cuerpo, una excelente vara de medir la salud futura. ¿Por qué? "La respuesta simple es 'no lo sabemos'. Lo que sí sabemos es que se trata de una herramienta muy potente para predecir la salud futura", responde Timmons.

Artículo completo: bbc.co.uk

Investigación reciente: Plos One

Documental en inglés


miércoles, 14 de enero de 2015

El entrenamiento con pesas puede ser clave para combatir la grasa abdominal al envejecer.

Si quiere combatir la grasa abdominal mientras envejece, una investigación reciente sugiere que debe añadir entrenamiento con pesas a su régimen de ejercicio.
Investigadores de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard hallaron que combinar las actividades aeróbicas con entrenamiento con pesas (o ejercicios de fuerza) es clave para conservar el músculo y evitar el aumento de peso, sobre todo la grasa abdominal relacionada con la edad.

"Dado que envejecer se relaciona con la sarcopenia, la pérdida de masa muscular esquelética, depender solo del peso corporal es insuficiente para el estudio de un envejecimiento saludable", comentó en un comunicado de prensa de la Harvard la autora del estudio, Rania Mekary, investigadora del departamento de nutrición de la universidad.

"Medir la circunferencia de la cintura es un mejor indicador de una composición corporal saludable en los adultos mayores", explicó Mekary. "Realizar entrenamiento de la fuerza, o idealmente, combinarlo con el ejercicio aeróbico, podría ayudar a los adultos mayores a reducir la grasa abdominal al mismo tiempo que aumentan o conservan la masa muscular".

El estudio a largo plazo se llevó a cabo entre 1996 y 2008. Incluyó a más de 10,000 hombres sanos a partir de los 40 años cuyo índice de masa corporal (IMC) variaba ampliamente. El IMC mide la grasa corporal tomando en cuenta el peso y la estatura.

Los investigadores analizaron la actividad física, el peso y la circunferencia de la cintura de los hombres para determinar qué ejercicios tenían el efecto más significativo sobre sus cinturas, o la cantidad de grasa abdominal que tenían.

Los hombres que hacían 20 minutos de entrenamiento con pesas al día presentaban un aumento más pequeño en la grasa abdominal que los hombres que pasaban el mismo tiempo haciendo actividades aeróbicas entre moderadas y vigorosas, como subir escaleras y trabajar en el patio, halló el estudio, que aparece en la edición en línea del 22 de diciembre de la revista Obesity.

Por otra parte, los hombres que se hicieron más sedentarios en el transcurso de los 12 años del estudio tuvieron un aumento más grande de la grasa abdominal.

"Este estudio subraya la importancia del entrenamiento con pesas para la reducción de la obesidad abdominal, sobre todo entre las personas mayores", comentó en el comunicado de prensa de la Harvard el autor principal del estudio, Frank Hu, profesor de nutrición y epidemiología. "Para mantener un peso y una cintura saludables, es esencial incorporar entrenamiento con pesas al ejercicio aeróbico".

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: Harvard School of Public Health, news release, Dec. 22, 2014

Fuente: MedlinePlus

lunes, 8 de diciembre de 2014

La verdadera razón por la que te cuesta tanto ponerte a hacer deporte.

Recordar buenos momentos durante la realización de actividad física y convertir la práctica en un hábito son algunas de las soluciones para mantener una vida activa.

Realice su propia consulta alternativa. Pregunte a su familia, amigos y compañeros de trabajos si la actividad física es buena para la salud. Con total probabilidad, obtendrá casi un 100% de respuestas afirmativas. Ahora, interrogue a las mismas personas acerca de si practican o no deporte con regularidad. Seguramente dicho porcentaje disminuirá sensiblemente, por debajo del 50% (o menos). Es la vieja lucha entre aquello que sabemos que nos conviene y aquello que nos apetece hacer, entre lo ideal y lo pragmático. En definitiva, todos sabemos que tendríamos que hacer ejercicio, pero raramente lo hacemos.

¿Por qué? La profesora de medicina de la Universidad de Massachusets Sherry Pagoto probablemente dé en el clavo en un reciente artículo publicado en Psychology Today. No se trata de que no tengamos tiempo, como nos gusta pensar para excusarnos, sino más bien, de que el ejercicio tiene unas desagradables consecuencias que no concuerdan con nuestro bienestar cotidiano. En definitiva, correr, montar en bicicleta o ejercitarse en el gimnasio hace que sudemos, que nos ensuciemos, que nos cansemos, que nos enfriemos, incluso que nos lesionemos o nos empapemos si salimos a la calle a correr en un día de lluvia.

Pagoto sugiere que la verdadera razón por la que no sacamos un hueco en nuestras vidas diarias para mejorar nuestra salud a través del ejercicio es nuestro deseo de sortear cualquier experiencia incómoda para nuestro cuerpo. Vivimos en un mundo diseñado para mantenernos en una burbuja de confort. Calefacción, aire acondicionado, sillas ergonómicas, ropas cómodas, cremas, perfumes y una larga lista de artefactos instalados en nuestra vida diaria contribuyen a que nos sintamos cómodos las 24 horas. En comparación, correr sobre la cinta parece un esfuerzo que pocos están dispuestos a hacer a cambio de una mejor salud.

Tan cerca, tan lejos.
Pongamos que hemos decidido salir de nuestra zona de confort y mojarnos, sudar y dejar abierta la puerta a la posibilidad de constiparnos. Pronto nos encontraremos con otro importante problema motivacional: aunque nos esforcemos día tras día, no vemos los efectos en nuestra salud. Quizá aguantemos cada vez un poco más sobre la bicicleta estática, pero es poco probable que nos veamos más musculosos de una semana para otra y absolutamente imposible que sepamos si de verdad el ejercicio tendrá una importancia clave en nuestra salud cuando seamos ancianos (¿y si morimos atropellados antes?).

Es otro de los problemas de la motivación humana. Estamos programados para perseguir las recompensas a corto plazo, tangibles y efectivas, pero se nos hace muy cuesta arriba pensar en las metas de largo recorrido, lo que hace que pronto desdeñemos el esfuerzo al que obliga el ejercicio. Por eso, algunas investigaciones han demostrado que vincular el esfuerzo deportivo a otros estímulos externos considerados positivos pueden ayudarnos a reforzar nuestra conducta sin confiarlo todo al largo plazo. Es lo que ocurre con una investigación publicada en Memory, que afirmaba que recordar aspectos positivos de previas visitas al gimnasio –como la música que sonaba en el recinto o una agradable conversación con un amigo– puede motivarnos para volver.

Otra alternativa es la que la neurocientífica de la Universidad de Rutgers Joan Morrell propone tras haber investigado la motivación en animales como las ratas. El mero hecho de lanzarse a hacer algo termina convirtiendo la actividad en un hábito, y el hábito en algo que es interpretado como deseable por nuestro córtex prefrontal, la parte del cerebro que se encarga de tomar las decisiones. Simplemente, cambiando nuestros hábitos podemos contribuir a que nuestro cerebro considere que mojarnos bajo la lluvia mientas corremos en pantalón corto puede ser algo positivo. 


domingo, 9 de noviembre de 2014

Paleotraining: un método de entrenamiento primitivo para la vida moderna.

Utiliza el cuerpo como autocarga al saltar, empujar o desplazarse. Son movimientos coherentes para el organismo y su objetivo no es generar músculo sino tenerlo preparado para su uso. 
Busca reproducir los movimientos que el ser humano ha realizado a lo largo del 95% de su evolución, el tiempo transcurrido en el periodo Paleolítico, una época que abarca desde hace dos millones de años hasta hace 10.000. Huir de los depredadores y salir a cazar eran dos funciones básicas para las que el cuerpo de nuestros antepasados estaba más que preparado.

Este entrenamiento reproduce así los patrones de ejercicio de este periodo utilizando el cuerpo como carga o más bien autocarga a través de movimientos como saltar, empujar, levantarse o desplazarse. Movimientos todos ellos que tienen coherencia para el organismo y cuyo objetivo no es generar músculo sino tenerlo preparado para su uso. La musculatura, defiende Sánchez, no debería ser el fin. El paleotraining comenzó en 2007 en Canarias, cuando un grupo de médicos, fisioterapeutas, educadores físicos y biólogos decidieron impulsar este modelo de entrenamiento para recuperar la salud del organismo.

Fuente: 20minutos.es 

 
Xavi Cortina (15/9/2014). Paleotraining Nomads (Official Commercial). Licencia estandar de YouTube.